SPOILERS
El post recoge elementos de la trama hasta mediados de la temporada diez (debido a que abandoné la serie en torno al episodio once de la misma). Si no has llegado aún y vas a seguir viéndola, te recomiendo que no leas el post.
Supernatural ha estado envuelta en críticas por su sexismo desde las primeras temporadas. Diez años después de su estreno en la CW, el panorama no ha cambiado en absoluto, e incluso podríamos decir que ha ido a peor. No creo que nadie no esté de acuerdo con que Supernatural no tiene la mejor representación femenina de la televisión. Es curioso que nos encontremos en una situación así cuando, precisamente, la mayoría de los espectadores y el público objetivo de la serie (como se ha demostrado en tantas ocasiones), son mujeres. ¿Y qué quieren estas mujeres? ¿Acaso no les basta con que Jared Padalecki y Jensen Ackles deleiten al público con sus atractivos rostros y sus cuerpos de infarto? El tema de la actuación queda en un segundo plano. Pues, a mí como mujer, no me bastó con eso.
Es cierto que al principio no lo noté. Me dejé llevar. La historia de los hermanos Winchester engancha, y el universo que presenta la serie se va llenando de criaturas fantásticas e interesantes que nos fascinan y no nos dejan ver más allá de ellas mismas (ángeles, demonios, los cuatro jinetes del Apocalipsis e incluso la propia Muerte -con una introducción sublime-). Pero llegó el día en el que puse las gafas violetas, ese filtro feminista que me ha arruinado ya demasiadas películas y series; aunque que me ha ayudado a ver la realidad tal y como es. Supernatural pasó de ser mi serie favorita; a ser un suplicio. No la disfrutaba igual, no la recordaba igual y lo peor de todo: me enfadaba continuamente con los guionistas. No en el sentido "no me gusta la trama", que eso nos pasa a todos, sino en el sentido de "creo que la mayoría de los guionistas de Supernatural votarían a Donald Trump." Y es que pienso que Supernatural podría ser la serie favorita del candidato a la presidencia americana. Comencemos.
